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sábado, diciembre 11, 2010

Diciembre


Keep you doped with religion and sex and TV,
And you think you're so clever and classless and free,
But you're still fucking peasents as far as I can see,
A working class hero is something to be,
A working class hero is something to be.
There's room at the top they are telling you still,
But first you must learn how to smile as you kill,
If you want to be like the folks on the hill,
A working class hero is something to be.
A working class hero is something to be.
If you want to be a hero well just follow me,
If you want to be a hero well just follow me.
 
Working Class Hero
John Lennon
oct 1940 - dic 1980


foto: del autor, Central Park, NYC - sept 2010

lunes, agosto 23, 2010

Atrás

Sentado en el suelo de un patio de baldosas frías empezó a enumerar los años perdidos. "Tiro a la basura cada uno de mis días", susurró después de cuatro segundos de silencio, mirando cómo en el vaso de Fernet dos hielos se transformaban en rastros gélidos de algo que ya no volverá a ser.

lunes, junio 21, 2010

Te invito a mi fiestita

El otro día me llegó un mail de gente amiga. Y ya el subject me angustió: "fiesta de disfraces". Me deprimen terriblemente las fiestas de disfraces: primero porque no entiendo cuál es el motivo (ni en Carnaval) de camuflarnos para divertirnos, si es que damos por entendido que en la fiesta a la que nos invitan nos está garantizada la diversión (y de hecho, este no era precisamente el caso).
Ni si quiera respondí.

¿Pero por qué tengo que ir disfrazado del Chapulín colorado si puedo disponer de la comodidad cotidiana del jean y las Converse? Y eso que no quiero hablar de aquellos que ¡alquilan! disfraces renunciando de esa forma incluso a la creatividad, único argumento posiblemente válido, pero absolutamente extinguido en nuestra sociedad-consumidora-de-fiestas-de-disfraces (el que va a una fiesta de disfraces no es creativo, es una verdad indiscutible esa). De última, puedo entender una fiesta de disfraces entre actores, personas que necesiten no salir del rol, personas que tomen como algo normal un acontecimiento absolutamente anti natural. Si querés disfrazarte, hacete actor.

Además, hay algo más profundo de las fiestas de disfraces que me inquieta, diría que hasta me enfurece: la discriminación. Las fiestas de disfraces son segregacionistas. ¿Alguien se anima a hacer la prueba de ir a una fiesta de disfraces sin disfraz? ¡Cuántos van a ser los oportunos que te deliren o que simplemente te pregunten por qué tu no-atuendo, cuántos serán los que te traten de aburrido! ¡Aburrido! Son los mismos que te tratan de aburrido porque te gustan las películas en blanco y negro, porque leés a John Berger o escuchás algo que no sea reggaetón.
Entonces, si no te gusta disfrazarte, te invitan en realidad a que no vayas, te expulsan de la presunta diversión.

No entiendo las fiestas de disfraces.
De hecho, suelo ir sólo a una clase de fiestas de disfraces: los casamientos.

jueves, mayo 20, 2010

El idiota

Me quedé pensando en lo que dijo el senador radical Sanz sobre que la Asignación Universal por Hijo hizo que aumentaran el consumo de droga y el juego.

Pensaba: ¿Por qué proyecta Sanz en los pobres lo que él haría (o hace) con unos mangos de más (para no hablar de la cantidad de merca que se toma bajo la cúpula del Congreso)? ¿Quiénes son los que consumen más drogas y se juegan la guita en el Casino? ¿Los pobres o los que tienen de sobra? ¿El Conrad está en Punta del Este o en la villa 1-11-14?

Dos datos
-Sanz es radical y mendocino... como Cobos.
-Las escuelas reciben 25% más de chicos desde que existe la Asignación Universal por Hijo.

viernes, abril 09, 2010

Olas

Jugar en el mar. Volver a lo más vibrante de la infancia: ser revolcado por las olas, montarse a ellas, acercarse a la orilla a gran velocidad (la misma con que se escurre la niñez).
Enfrentarlas y que la cresta se cierre justo sobre nuestras espaldas (y tal vez, sentir que ese estampido nos chupa los piés), mirar dentro nuestro el vértigo que genera que exploten encima.

Revivir aquellas tardes y mañanas esperando la próxima gran ola agarrado a las manos de mi viejo.

Sin él. Con él.

lunes, enero 25, 2010

Semejanzas

Cualquier semejanza con la realidad (argentina) no es mera coincidencia.


"La caja de resonancia fundamental de este México de los poderosos está en los medios electrónicos de comunicación. Pero, lejos de ser sólo un eco de lo que la clase política dice, la televisión y la radio adquieren voz propia y, sin que nadie lo cuestione, se convierten en la voz principal. La agenda nacional no la marcan los grandes problemas del país, vaya, ni siquiera los líderes políticos. No, las campañas electorales y las agendas gubernamentales van de acuerdo con las programaciones radiales y televisivas. La comunicación electrónica no difunde noticias, las crea, las alimenta, las hace crecer, las aniquila. La diferencia entre las opciones partidarias en tiempos de elección no está en los proyectos de Nación que sustentan unas y otras, sino en el tiempo que consiguen en los medios. [...] Es palpable la existencia de dos países: el que vive en los titulares y el que transcurre "off the record", fuera de los noticieros y las exclusivas."*

"En estos lugares se comentan entre ellos mismos, se saludan entre ellos mismos [...], se dicen mutuamente: 'somos la conciencia del nuevo poder, somos necesarios porque nosotros decimos que somos necesarios, el Poder necesita alguien que ponga en prosa y en verso intereses económicos y sus facturas, lo que nos hace diferentes de los bufones es que nosotros no contamos chistes, los explicamos".**


Fragmentos de "¿La Agenda Nacional a la sección de "Espectáculos"?"* y de "La clase política y sus convocados: clero, ejército, medios, intelectuales, lo organismos internacionales" **, de En algún lugar de la Selva Lacandona. Aventuras y desventuras de Don Durito.

Subcomandante Insurgente Marcos. Marzo de 2000.

viernes, enero 22, 2010

Una tarde por la calle Bucareli

Todos esos días en los que las hojas y las letras me agarraron del brazo hasta ponérmelo morado, y yo -como antes con Horacio Olivera y otros tantos (anti)héroes de mi literatura- deseaba ser Arturo Belano pero en realidad lo que estaba queriendo y sufriendo era escribir como Roberto Bolaño, escribir mis Detectives Salvajes o aunque más no fuera una línea de esa tremenda novela, todos esos días, digo, también pasé por un México DF que no conocía pero que empezaba a transitar.

Belano y Bolaño me pasearon por el Paseo de la Reforma, por la Zona Rosa y, sobre todo, me sentaron en una silla del Café Quito, en la calle Bucareli, donde García Madero se juntaba ansioso con los poetas realvisceralistas.

Y un día llegué a la Ciudad de México. Y uno de esos días, en los que caminaba perdido y exhausto por el Paseo de la Reforma, decidí perderme hasta encontrar la calle Bucareli.

Caminé buscando el Café Quito, entre una seguidilla extraña de talleres y casas de repuestos de autos, veredas manchadas de aceite, menos parecidas las cuadras al DF que a las calles interiores de Sarandí. Diez, veinte cuadras y nada. Encontré un café que daba para eso de "un poco de mugre y sillas vacías donde podrían esconderse un personaje así y su creador", seis mesas vacías, una ocupada con dos hombres transpirados, mirando en silencio la televisión.

Pero el café no era Quito ni nada que supusiera ni una tibia relación con Ecuador. No tenía nombre. Así que pensé definitivamente, que el Quito en cuestión habría desaparecido, o que jamás existió.

Ahora, atrapado por el cinismo, aguardando una catástrofe o que no pase nada, pasada la medianoche en la vacía y enorme redacción de un diario, con televisores encendidos que nadie ve, con presentadoras de (malas) noticias que nadie escucha (porque no hay nadie), con el fantasma del periodismo, muertecito, cuerpo caliente, dando vueltas por mi consciencia, indago en las letras chilenas.

Empiezo por Lemebel y enseguida doy con una foto suya junto a Bolaño.

Y, todo tan hipertextual, de ahí vuelvo al autor de 2666 y entonces, un año después me entero por la wikipedia que el café Quito era el café La Habana en realidad, una ficcionalización más, nomás. Y me entero de algo mucho peor: que en el Café La Habana no sólo se sentaba Bolaño. También lo frecuentaron Octavio Paz y Carlos Fuentes y Fidel y el Che pensaron allí la revolución cubana.

Bucareli y Morelos. La esquina exacta de una calle que caminé entera, la esquina que no ví, que ignoró mi desconocimiento.

Entonces entro al google maps. Y escribo: "bucareli y morelos". Y hacia allí me lleva de nuevo esta temible modernidad del street view, en la que uno puede caminar, ver y en un par de minutos sentir cada rincón de cada calle.

Y ahí lo ví: el Café La Habana, y toda su fealdad moderna, su espacio, su lejanía con mi imaginación desmesurada.
El Café La Habana. El mismo lugar donde entré y pedí permiso para ir al baño. Y del cual me fui, rápido, para seguir buscando el Café Quito, antes de que se hiciera de noche.


Ver mapa más grande

sábado, diciembre 26, 2009

2.0

Te dio en el centro de tu espalda. Lo estoy viendo. Te estalla una vértebra y te calcina. Estás temblando con tus ojos abiertos, invadidos por lágrimas teñidas de sangre. Ahogada por la espuma que explota en tu boca, se te escapa el ayudame, se te muere inundado, se cierran también tus oídos, solo sentís frío. Y estás leyéndome, consciente pero incrédula frente a la computadora, con lo último que te queda de los vivos. Yo adivino, sigo, huelo tu desgracia. Converso con tu muerte, 2.0 as never before.

martes, diciembre 01, 2009

Víctima

"Estamos en un mundo en el que hay
500 millones de gente acomodada
y 4.500 millones de pobres.
Bueno, así evidentemente, este mundo
es una olla de presión que va a estallar
y no siempre va a haber un Lula
que podamos elegir".
Ignacio Ramonet


1. ¿Qué pesa más: el collar de perlas, la billetera llena o el estómago vacío?

¿Qué duele más: ver a ese señor horrible de barba larga y costras en los pies sucios durmiendo bajo la marquesina de una farmacia en la avenida Santa Fe, tapado con cartones y diarios, o que haya que meter la mano por entre las rejas para pagarle el chocolate caro al quiosquero de la misma avenida?

¿Qué lastima más: ver todas esas cuatro por cuatro de vidrios oscuros andando su obsenidad o que los cartoneros ocupen todas las noches dos carriles de la avenida Córdoba para, así, aspirar a comer algo con lo que recauden de lo que vos y yo y el vecino tiramos a la basura?

Lo que duele, lastima y pesa es escucharlo a Tinelli hablar entre culos de cotillón y purpurina de lo peligroso que es vivir en este país.

2. ¿Peligroso para quién?

(atención: Tinelli sabe muy bien lo que dice).

3. Es horrendo enterarse todos los días de que alguien muere porque otra persona le quita la vida mientras intenta quedarse con su plata. Es espantoso y penalmente condenable. ¿Pero qué tenemos para decir del derecho a vivir dignamente que les corresponde a todos esos menores que son agarrados siempre después y nunca antes? ¿A quiénes les importan esos menores antes de que maten por 30 pesos? ¿Alguien se anima a decir que todos esos chicos adictos al paco, supervivientes de la crueldad de las diferencias, nacieron para matar? ¿Alguien se anima a decir que ellos no preferirían haber terminado el colegio, ir los domingos al club con sus padres, de vacaciones en enero, comer turrón hasta reventar en Navidad?

4. Susana quiere matar a los que matan.
Pero la ecuación es de primer grado: si matamos a los que matan alguien va a venir a matarnos a nosotros por haber matado. El que mata tiene que morir. Esa frase dice eso. No lo digo yo. Lo dice Susana, que sabe muy bien lo que dice.

5. Y Tinelli pide a gritos: algo hay que hacer. Porque seguramente Tinelli se siente una víctima de la inseguridad. Como vos, como TN, como Mirtha.
Ok. ¿Hacer algo con quién? Eso es lo que no dice Tinelli, que sabe muy bien lo que dice.
Y lo que no dice.

6. Hay que hacer algo para que se acaben las víctimas. ¿Pero, quién es la verdadera víctima?
¿Quién les da la seguridad de una vida digna a todos esos chicos que salen a matar por un poco de paco?

7. Estoy seguro de que cuando Tinelli dice “algo hay que hacer” no se refiere a darles de comer, de trabajar, de estudiar a estos chicos. Tinelli, insisto, sabe muy bien lo que dice.
"Algo hay que hacer" me suena mucho más a aquello de otra época. Aquello que muchos han dicho con espuma blanca en la boca, con el odio insensato brotándoles del alma, aquello de “algo habrán hecho”, mientras este país perdía hijos, padres, nietos, cerebros inteligentes.

Algo hay que hacer. Algo habrán hecho.

Así se hunde en la miseria este país. Que siga la fiesta miserable.

viernes, noviembre 20, 2009

Doris

Toda luna, todo año.
Todo día, todo viento,
camina y pasa también.
También toda sangre llega
al lugar de su quietud.
Chilam - Balam
Doris tiene algo parecido a un bar pero mucho más humilde en la playa Manzanillo, un rincón de mar verde, selva y arena blanca sobre el Pacífico mexicano sur, en Puerto Escondido. Para ella, Manzanillo es "la segunda mejor playa de Escondido". Llegar aquí significa bajar unas escaleras empinadas, de piedra amarilla, entre la vegetación densa, con el mar apareciendo misteriosamente.
Doris me señala una especie de morrito bajo en una de las puntas de esta pequeña playa. Me cuenta que detrás de esas palmeras se encontraron tumbas precolombinas de antepasados de la más alta escala social. Y que hace unos ocho años, un pescador del pueblo tomó y se llevó una de las calaveras del lugar ancestral. "Y al poco tiempo murió".
"No pudo con su culpa, con el temor de estar profanando una tumba sagrada", relfexiona, y refriega sus manos en un trapo que le cuelga de la cintura. Yo le digo lo que estoy pensando; sugiero que ésa debe de ser la verdadera Fuerza.
"Sí, el poder de la mente", asiente a los ojos.
Después de un silencio mirando al mar, Doris concluye que aquí en su pueblo la gente está perdiendo los valores. Que hace 40 años el trato entre ellos era diferente. Y no sólo eso: "Pretendíamos pensar".
Ahora, ingenua pero sabiamente, entiende que es la era de lo rápido, de lo inmediato.
Depués calla otra vez. Me mira a los ojos de nuevo, con los suyos, negros, milenarios.
"La tele gobierna las mentes, pues", se le sale de la boca.
Entonces maldigo en silencio a Doris. Me olvido de repente del paraíso. Vuelvo, fatídicamente, a las cosas de mis días, a la locura, a la máquina que todo lo tritura cotidianamente y casi nadie se da cuenta.
Doris, allá lejos, sí lo nota. Tal vez sea por el mar. Sólo por eso.

miércoles, octubre 21, 2009

Milagros

Va a sonar raro. A mí me suena raro. Entré por impulso, para denunciar ciberpúblicamente que me molesta pedir ensalada al delivery porque después no puedo mezclarla sin que se caiga una hoja verde del colchón, una porción de la rasura de la zanahoria o lo que sea. Eso que se cae generalmente no lo como. Lo haga o no, lo que me molesta es que se caiga, esa cosa apretujada inevitablemente, el tedio de mezclar con cuidado.

Pero en el medio no sé cómo llegué a un blog que había levantado una nota que escribí para el diario, una crónica del día de la virgen de San Nicolás (una experiencia muy rara, dado mi ateísmo). Y tenía comentarios. Por suerte para mi qué-diran-interno no hay ningún elogio, así que quise copiar+pegar estos comments para que compartamos ciertas miradas de la vida y de los fenómenos paranormales de muchos; va incluido el primer comentario, ciertamente curioso (para mí). Pero nunca funcionó el "pegar". Entonces dejo el link.


A punto de postear escucho a Lalo Mir por la TV Pública contar que hace unos años empezaron a mover un pedido para que Gaudí sea beatificado. Podría llegar a convertirme.

lunes, octubre 12, 2009

Feria

La palabra "feriado" tiene su raíz en la palabra (del latín) "feria", que a su vez significa, entre otras cosas, "fiesta".
Feriado es "día festivo".
Si hay fiesta, pues, hay festejo. Si hay festejo existe, supuestamente, algo que festejar.
Si hay algo que festejar entonces no hemos entendido nada. El 12 de Octubre sí, representa la unión de dos culturas, pero antes que esa unión está la conquista, el genocidio y la desigualdad que ese episodio de 1492 todavía genera en nuestras sociedades hispanoamericanas.

El Sitio de la Nada hoy no festeja.

Foto tomada por el autor en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México.

martes, julio 28, 2009

Pensar

¿En qué reparamos los argentinos cuando pensamos un país? ¿En llegar a fin de mes?
¿En que lo mal que está que la presidenta aparezca media hora tarde para la foto? ¿En sus labios colagenados? ¿En lo bien que baila el imitador de De Narváez?

¿Qué buscamos los argentinos para vivir tranquilos? ¿Que el auto nuevo ande bien? ¿Que el pibe que nos roba esté en la cárcel? O mejor: ¿muerto? Hablo del pibe que nos roba, el pibe que anda con un fierro porque su vida no vale nada y en ese razonamiento, si la suya no vale: ¿por qué va a valer la de otro? La DEL otro. La mía. La tuya.
Hablo del pibe que se quema con paco y no llora. Que se quema con paco hasta morir. O hasta matar.

¿Qué buscamos los argentinos para vivir tranquilos? ¿Una policía corrupta que se roba la droga que incauta o sale borracha a matar a tiros a la gente, que extorsiona, que viola los derechos humanos, pero que nos da seguridad?

¿Qué queremos los argentinos de nuestra tierra? ¿Queremos devastarla, sacarle todo para plantar más soja? ¿Convertirla en un desierto? ¿Un lugar sin árboles, sin agua, sin gente?

¿Queremos menos retenciones para hacer más grande la pileta de la mansión? ¿Qué queremos? ¿Atropellar la vida a bordo de una 4x4 y veranear en Punta?

¿En qué estamos pensando cuando nos olvidamos de lo que somos y de la suerte que tenemos de estar de este lado de la villa, de este lado de la miseria, del hambre, de la exclusión definitiva, sobreviviendo? ¿De lo afortunados que somos que nacimos de este lado del muro con el que todavía sueña Gustavo Posse en San Isidro?

Y te hago otra pregunta: ¿En qué pensás cuando pensás en Chaco? En esa provincia tan joven como pobre, exhuberante en belleza y en desigualdad.

Chaco no sólo se queda sin árboles por la tala indiscriminada. Se está quedando sin su gente.

En Resistencia la mitad de su población es pobre. Y casi dos de cada diez son indigentes. Un alto porcentaje de chicos está desnutrido.
En Chaco la gente vive, en promedio, seis años menos que en el resto del país. Los ríos se secan y los que no, están contaminados por los agroquímicos. La población bebe la escasa agua de esos ríos y se muere de cáncer, o nace malformada, o retrasada mental.

Las comunidades indígenas sufren la falta de agua y de comida. El invasor se cansó de matarlos, pero la tuberculosis todavía es impiadosa: encontró un lugar perfecto para perpetuar su historia milenaria en la sangre de los humanos (sí, los indígenas son humanos).

Chaco, esa Chaco, es Argentina. Te suena obvio, pero no estoy seguro de que lo sea. Te lo digo de vuelta, porque no hablo de la mera ubicación geopolítica: Chaco ES Argentina. Y vos y yo vivimos en Argentina.

Estos tres segundos de silencio son para que pienses en eso.



Editorial leída en el programa de radio Quieras o no (martes, de 12 a 13 por Identidad FM 92.1)

lunes, julio 27, 2009

jueves, julio 16, 2009

Raro

Ya he dicho alguna vez que desconfío de las mujeres que llevan sin preocupación, como algo normal y cotidiano, los aros perla.

Aquí por donde ando ahora, ese sentimiento se ha convertido en pesadilla. Lindas o feas, modernas o, como la mayoría, pacatas. Relajadas o perseguidas. De las que miran a los ojos a los hombres, o las otras. Todas o casi todas.

Nueve de cada diez mujeres tucumanas usan aros perla.

Siento escalofríos.

lunes, junio 29, 2009

Al gran pueblo, salud

Pelotudos. Amnésicos. Egoístas. Necios. Consumidores. Mentirosos. Ventajeros.
Tristes. Idiotas. Ilegales. Embaucadores. Corruptos. Individualistas.
Irrespetuosos. Cíclicos. Cerrados. Obvios. Sordos. Ciegos. Mudos.
Materialistas. Ingenuos. Soberbios. Vacíos. Amorales. Frívolos.
Menemistas.

Argentinos.

Macri y su imitador. Sede PRO. 28-6. 9.30 de la mañana.

martes, junio 23, 2009

(No) Ver


Ella le hablaba y él miraba la biblioteca, casi apoyada detrás de la mujer. En algunos lomos conseguía leer, o creía que leía títulos, como "El hombre feliz", "Deseos", "Represiones", también vio -o creyó ver- la tapa de la poética novela "El último encuentro" de Márai.

Ella seguía hablando y él, cada tanto, le respondía, cruzado de piernas, jugando con la textura de la tela de su pantalón. Cuando se distraía de los libros prestaba atención a un block de hojas apoyado en el escritorio, con La gran ola de Kanagawa, de Hokusai, impresa en un costado. Mientras las palabras inundaban la sala, él pensaba en jugar con el block, en hacer pasar las hojas, en darle vida a esa inmensa ola azul y que el viento le dé en las pestañas, como si el tsunami fuera cierto, mínimo, pero cierto.

Ella dijo:

"Vos no ves que ves".

Y entonces empezó a escucharla.