Recién abrí el diario El País de Madrid. Siempre voy directo, antes que nada, a ver si El Roto publicó. Y qué publicó.
El diario de hoy por suerte tenía la buena noticia de incluir uno de sus mensajes (chistes, desde luego que no son, y por algo están en la página Opinión). En su clásico estilo carbonilla, un hombre de espaldas al lector, con mil manos, lanza piedras. La leyenda, siempre breve, de El Roto, dice arriba: "En los bolsillos vacíos se forman piedras".
Y yo pienso en el gobernador Scioli y su "eficaz" idea de bajar la edad de imputabilidad, en Brian, el chico preso acusado de matar al ingeniero Barrenechea, que las maestras y todo su barrio (y su abogada, mi amiga Florencia) defienden porque saben. Pienso en mi barrio, en Sarandí, y en los pibes que fuman paco en sus esquinas. Pienso en TN alertándonos de otro asalto seguido de muerte. Veo la tapa de los diarios. Veo la catástrofe. Pienso en los pibes que conocí en la sombra del penal de Ezeiza, en sus marcas de las balas en el cuerpo, en sus zapatillas de 200 dólares. Recuerdo el hambre de los pasillos de Villa Tranquila, a diez minutos de la Rosada (el hambre de ser alguien, que se entienda).
Pienso. Recuerdo. Veo.
Por estos lugares del sur (del sur), en los bolsillos vacíos se forman piedras. Y también se forman balas. Y víctimas. Y asesinos inocentes.
Se forma, en definitiva, esta Argentina del ocaso.
jueves, diciembre 18, 2008
lunes, noviembre 24, 2008
Presencias
"Uno vive, y piensa, siempre en función de otra persona que por lo general no está presente y que, por lo general, nunca puede saberse con certeza cuándo va a estarlo".
Mario Levrero. El discurso vacío.
domingo, noviembre 16, 2008
Sobre las letras de su nombre
Recién se dio cuenta de lo sucedido cuando despegó la yema del dedo de la hoja del libro que leía. Debajo estaba la pequeña hormiga, aplastada, tapando justamente la mitad de la palabra hormiga, como si en efecto la intención hubiese sido fundir los hechos y las letras, el presente y el infinito: lo real y todo lo demás.
martes, noviembre 11, 2008
viernes, noviembre 07, 2008
lunes, noviembre 03, 2008
Voces y sombras
Uno venía del sol, a la deriva. Esa mañana incandescente los cruzó la casualidad en una esquina. El otro, más viejo, estaba parado sobre el cordón de la vereda. Sus anteojos oscuros apuntaban al semáforo.
Los dos querían cruzar. Así que atravesaron la calle juntos, del brazo. El hombre de los anteojos venía de laburar, le dijo, y de comprar unas cosas. El otro le contó que estaba paseando. Explicarle que venía del sol era descortés y paradójico.
Las cosas que había comprado el más viejo eran dos varillas de metal. Pero su trabajo era otro, restaurando libros: lo hacía de manera independiente y también como empleado de una especie de empresa que se dedica a pasarle cola a los viejos libros vencidos por el tiempo y los lectores. "Y a mí encima me encantan los libros viejos", se apuró a aclarar. "Compré las dos varillas porque mi bastón se rompe muy seguido. No lo rompen las veredas, sino la gente". Entonces el hombre de los anteojos le contó al otro que lo llevan por delante, que lo pisan y que nunca le piden perdón.
"¿Me acompañás hasta Pueyrredón y French?". El viejo le preguntó al otro que, como venía del sol, aceptó. Entonces su compañero le explicó que ya no podía comprar bastones nuevos cada vez que una chica hablando por teléfono se lo rompía en la calle. "Ahora los armo yo porque antes salían baratos pero, viste, se hace difícil comprarte seis bastones en un año si tu trabajo es restaurar libros". Y entonces explicó que la cola que se usa ahora es sintética y que ya no dura. Por eso se arreglan muchos y por eso muchos de los que se arreglan se vuelven a romper. "Claro", resumió el más joven pensando, seguramente, en el libro viejo de Steinbeck que acababa de comprar por 20 pesos y cuyo lomo se deshizo apenas le entregó el dinero al vendedor.
"Ya llegamos a French. Andá si querés, yo vivo acá, a media cuadra", anunció el señor del bastón. Pero el otro, el joven, no lo escuchaba. Estaba distraido, un poco absorto, un poco impresionado por la joven mujer que se acercaba a ellos corriendo. Llevaba un vestido largo azul, estaba bronceada, su pelo negro se arrastraba en el viento. Y sonreía. Le sonreía a ellos.
"Hola papi, qué lindo encontrarte", susurró rápidamente. El rostro del padre cambió. Una sonrisa extraña se abrió y le desacomodó sutilmente los anteojos. La abrazó a ella y con un apretón de manos se despidió de él.
Y el viejo se fue a su casa. A arreglar el bastón que lo ayuda a caminar entre las voces y las sombras cuando nadie lo agarra del brazo en una esquina. Cuando nadie lo ve, al ciego.
Los dos querían cruzar. Así que atravesaron la calle juntos, del brazo. El hombre de los anteojos venía de laburar, le dijo, y de comprar unas cosas. El otro le contó que estaba paseando. Explicarle que venía del sol era descortés y paradójico.
Las cosas que había comprado el más viejo eran dos varillas de metal. Pero su trabajo era otro, restaurando libros: lo hacía de manera independiente y también como empleado de una especie de empresa que se dedica a pasarle cola a los viejos libros vencidos por el tiempo y los lectores. "Y a mí encima me encantan los libros viejos", se apuró a aclarar. "Compré las dos varillas porque mi bastón se rompe muy seguido. No lo rompen las veredas, sino la gente". Entonces el hombre de los anteojos le contó al otro que lo llevan por delante, que lo pisan y que nunca le piden perdón.
"¿Me acompañás hasta Pueyrredón y French?". El viejo le preguntó al otro que, como venía del sol, aceptó. Entonces su compañero le explicó que ya no podía comprar bastones nuevos cada vez que una chica hablando por teléfono se lo rompía en la calle. "Ahora los armo yo porque antes salían baratos pero, viste, se hace difícil comprarte seis bastones en un año si tu trabajo es restaurar libros". Y entonces explicó que la cola que se usa ahora es sintética y que ya no dura. Por eso se arreglan muchos y por eso muchos de los que se arreglan se vuelven a romper. "Claro", resumió el más joven pensando, seguramente, en el libro viejo de Steinbeck que acababa de comprar por 20 pesos y cuyo lomo se deshizo apenas le entregó el dinero al vendedor.
"Ya llegamos a French. Andá si querés, yo vivo acá, a media cuadra", anunció el señor del bastón. Pero el otro, el joven, no lo escuchaba. Estaba distraido, un poco absorto, un poco impresionado por la joven mujer que se acercaba a ellos corriendo. Llevaba un vestido largo azul, estaba bronceada, su pelo negro se arrastraba en el viento. Y sonreía. Le sonreía a ellos.
"Hola papi, qué lindo encontrarte", susurró rápidamente. El rostro del padre cambió. Una sonrisa extraña se abrió y le desacomodó sutilmente los anteojos. La abrazó a ella y con un apretón de manos se despidió de él.
Y el viejo se fue a su casa. A arreglar el bastón que lo ayuda a caminar entre las voces y las sombras cuando nadie lo agarra del brazo en una esquina. Cuando nadie lo ve, al ciego.
viernes, octubre 17, 2008
Los elefantes
El viento corría frío allí cuando se dio cuenta de lo inmenso.
El viento siempre corría frío allí arriba.
El viento siempre corría frío allí arriba.
sábado, septiembre 27, 2008
Divinas consecuencias
La dueña de una santería me mira a los ojos con compasión. "¿Y vos sos creyente?". Por alrededor de nuestras palabras decenas de miles de personas arrastraban sus pies en lo que para muchos es tierra santa. Hace 25 años una señora pobre dijo que se le apareció la virgen en un sueño. Y que le volvió a aparecer varias veces más. Le daba mensajes: que construya un templo, por ejemplo.
Tardé unos segundos en responderle a la dueña de la santería porque ella y yo sabíamos la respuesta. "No", le dije sonriendo y pensando en que ese sería el límite. "A mí me salvó la vida. Y a vos también te protege, igual", me acarició un brazo mientras me miraba a los ojos con cierta compasión actuada. Después me recomendó mirar el sol a las cinco de la tarde. Si lo ves con anteojos vas a ver que tiene un velo rosa y celeste, como la Virgen, aconsejó. No lo hice, pero presté antención: muchos se encandilaban, señalaban al sol y sí, daban fe del mensaje estelar.
A San Nicolás dicen que llegaron como un millón de personas. Casi todas eran mujeres. Mujeres desesperadas por cantarle el feliz cumpleaños a la virgen. Desesperadas por pedir y agradecer. Por llorar. Y por llevarse un bidón con agua bendita que sale de 20 grifos, que es gratis y que a mí solamente me hace pensar en que tal vez esas canillas nunca se cierren. Y que en Chaco se están muriendo de sed y los milagros allí no andan sobrando.
Entonces le pregunté a una señora que se había puesto protector solar y lo tenía impregnado a una parte de su cabellera. Le pregunté por qué eran casi todas mujeres. Me dijo que porque los hombres no eran tan abiertos con sus sentimientos. Otra me miró en silencio. Eran varias. Nadie me habló de la maternidad y de la relación entre eso y el mito. Y me resultó decepcionante. La señora del protector me dio un beso con un Dios te bendiga. Detrás suyo, dos sesentonas tironeaban a los gritos de un rosario que repartía un cura con los colores de María del Rosario de San Nicolás.
Gladys Motta vive a medio metro del templo ostentoso que se levantó gracias a sus sueños. Gracias a sus sueños o a sus visiones o a sus encuentros con la divinidad, una ciudad que alguna vez fue pujante hasta que sus metalúrgicas cerraron y ya no había en qué creer (más o menos al mismo tiempo que Gladys y la Virgen tuvieron su primer capítulo) ahora vive del turismo que desata esta devoción. Los vendedores ambulantes, los restaurantes, los taxis, los artesanos, los intendentes, los curas y también los que creen, todos comen encumbrados en la fe.
Pero Gladys Motta vive en silencio. Se recluyó. Un policía me dijo que está enferma. Una vecina, que es depresiva. Otra mujer, que vive enfrente, me aseguró que Motta es una vecina más que sale a hacer las compras cuando pasa el furor de la Virgen.
Pero Gladys ya no sale. Su casa tiene la persiana baja y en la puerta hay cientos o miles de cartas que le dejan los fieles. Tal vez Gladys esté adentro, en silencio, un poco impresionada por las consecuencias.
Tardé unos segundos en responderle a la dueña de la santería porque ella y yo sabíamos la respuesta. "No", le dije sonriendo y pensando en que ese sería el límite. "A mí me salvó la vida. Y a vos también te protege, igual", me acarició un brazo mientras me miraba a los ojos con cierta compasión actuada. Después me recomendó mirar el sol a las cinco de la tarde. Si lo ves con anteojos vas a ver que tiene un velo rosa y celeste, como la Virgen, aconsejó. No lo hice, pero presté antención: muchos se encandilaban, señalaban al sol y sí, daban fe del mensaje estelar.
A San Nicolás dicen que llegaron como un millón de personas. Casi todas eran mujeres. Mujeres desesperadas por cantarle el feliz cumpleaños a la virgen. Desesperadas por pedir y agradecer. Por llorar. Y por llevarse un bidón con agua bendita que sale de 20 grifos, que es gratis y que a mí solamente me hace pensar en que tal vez esas canillas nunca se cierren. Y que en Chaco se están muriendo de sed y los milagros allí no andan sobrando.
Entonces le pregunté a una señora que se había puesto protector solar y lo tenía impregnado a una parte de su cabellera. Le pregunté por qué eran casi todas mujeres. Me dijo que porque los hombres no eran tan abiertos con sus sentimientos. Otra me miró en silencio. Eran varias. Nadie me habló de la maternidad y de la relación entre eso y el mito. Y me resultó decepcionante. La señora del protector me dio un beso con un Dios te bendiga. Detrás suyo, dos sesentonas tironeaban a los gritos de un rosario que repartía un cura con los colores de María del Rosario de San Nicolás.
Gladys Motta vive a medio metro del templo ostentoso que se levantó gracias a sus sueños. Gracias a sus sueños o a sus visiones o a sus encuentros con la divinidad, una ciudad que alguna vez fue pujante hasta que sus metalúrgicas cerraron y ya no había en qué creer (más o menos al mismo tiempo que Gladys y la Virgen tuvieron su primer capítulo) ahora vive del turismo que desata esta devoción. Los vendedores ambulantes, los restaurantes, los taxis, los artesanos, los intendentes, los curas y también los que creen, todos comen encumbrados en la fe.
Pero Gladys Motta vive en silencio. Se recluyó. Un policía me dijo que está enferma. Una vecina, que es depresiva. Otra mujer, que vive enfrente, me aseguró que Motta es una vecina más que sale a hacer las compras cuando pasa el furor de la Virgen.
Pero Gladys ya no sale. Su casa tiene la persiana baja y en la puerta hay cientos o miles de cartas que le dejan los fieles. Tal vez Gladys esté adentro, en silencio, un poco impresionada por las consecuencias.
miércoles, septiembre 17, 2008
Ego (por la ventana)
Así, de colado, hoy tuve el privilegio de descubrirme en el blog de Liniers. Un regocijo para la vanidad ver al conejito dibujado ahí, sobre mi texto.
miércoles, septiembre 10, 2008
miércoles, septiembre 03, 2008
Frases desordenadas de la Argentina oculta
"Mi experiencia de convivir con Otros, muy remotos, durante largos años me ha enseñado que la buena disposición hacia otro ser humano es esa única base que puede hacer vibrar en él la cuerda de la humanidad".
Ryszard Kapuscinski
1. Los últimos días fui devorado por la Argentina profunda. Salí de Buenos Aires en busca de contar cómo la gente vive sin agua en el Chaco, un poco para el diario (podés ver texto, un poco mejor escrito, y fotos aquí) donde escribo y otro para una investigación más interesante; una pretensión periodística, social y antropológica que imaginamos lograr con una fotógrafa amiga.
2. Chaco es un lugar estremecedor. Bastan apenas unos kilómetros afuera de Resistencia para que toda una joven y triste historia nacional duela (también duele la Villa 31, pero la lejanía te saca esa costra que la ciudad te hace crecer sobre la piel para evitar que todo, siempre, te afecte demasiado). Allí, en pueblos del sudoeste de la provincia, en los bordes, cerca de Santiago y Santa Fe, el contraste puede hacerte mal. Hay gente de una pobreza inimaginable, en sus casas de tres por tres donde viven siete, ocho, diez, sobre piso de tierra y sin agua, sin trabajo pero con dignidad.
3.También está Charata, un pueblo extraño. Bucólico, como todo por ahí. El sol se estrella y parece que no hay sombras. Hace calor y la sequía llena todo de polvo. Las camionetas sojeras (4x4 ultra lujosas) desfilan por las calles asfaltadas. La entrada a Charata impacta. Sobre cada costado están construyendo dos mansiones como nunca jamás vi, ni en San Isidro, ni en Nordelta. Se parecen menos a las casas de Punta del Este que a los palacetes del siglo XIX de Buenos Aires o París. Da asco. En una de ellas me abrió la puerta su dueño.
4.Bajo la condición de no darnos su nombre ni dejar que le saquemos fotos a él ni a su casa (enorme, fresca, entera en una manzana para él, su mujer y sus dos hijitas rubias y regordetas) empezó a hablar. Contó cómo evade impuestos, cómo arregla las "cosas" con el gobernador Capitanich, cuánto le paga a determinados periodistas (algunos de ellos pasaron delante de mi escritorio hace un rato), de la responsabilida de los agropecuarios en el clima porque desmontan el país para plantar soja, y también de cómo tira los agroquímicos y cómo estos afectan la misma agua que toman sus hijas.
5.Lo que no contó, seguramente porque no le dio la cara, es que él fue uno de los que cortó las rutas en estos 180 días de "el pueblo con el campo". El, que paga el sueldo de un jugador yanqui de basquet del equipo de Charata ("10 mil pesos nomás para el negro", me dijo).
6. En Charata entendí un poco más lo poco que le importa la pobreza a los dueños del país. Lo poco que le importa el Otro. Alguien me contó que el intendente de Río Bermejito (en el Impenetrable, donde hay una gran colonia wichi), un filonazi, llevó agua para paliar la sed en un camión atmosférico. Y el hombre que me abrió su mansión hablaba de la sequía al borde de su pileta llena. Al otro día de publicada la nota, un señor que no entiende nada me escribió un mail diciéndome que la tragedia era que los de Charata no tuvieran gas natural para calefaccionar sus piscinas. Todo eso un rato después de que un chiquito me mirara extrañado (tal vez sólo se reconociese reflejado en el lente oscuro de mis anteojos de sol) y descalzo mientras su abuelo me contaba que tomaban agua de pozo contaminada con arsénico.
7. Un poco de eso es Argentina.
jueves, agosto 14, 2008
Empújame
"La locura es como la gravedad, ¿sabes? Todo lo que hace falta es un pequeño empujón".
El Guasón.
Batman, el caballero de la noche.
Batman, el caballero de la noche.
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viernes, agosto 01, 2008
Escenas y pensamientos de estos días
Camino -obligado por la profesión- por los pasillos insoportables de la Rural. Pienso.
Leo el cartel escrito por una mujer sentada en la vereda, en Salguero y Santa Fe: "Ropa o frasadas. Estamos 20 horas. Grasias". Pienso.
Escucho a mi analista. Pienso.
Me topo en la televisión a Tinelli, y toda la catarata de frivolidad que hace pan con sus migas agrias. Pienso.
Me compro un libro de Salvatore Quasimodo. Lo abro. Leo:
"Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y enseguida anochece".
Pienso.
También pienso que hoy no tengo ganas de escribir sobre lo que pienso.
Leo el cartel escrito por una mujer sentada en la vereda, en Salguero y Santa Fe: "Ropa o frasadas. Estamos 20 horas. Grasias". Pienso.
Escucho a mi analista. Pienso.
Me topo en la televisión a Tinelli, y toda la catarata de frivolidad que hace pan con sus migas agrias. Pienso.
Me compro un libro de Salvatore Quasimodo. Lo abro. Leo:
"Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y enseguida anochece".
Pienso.
También pienso que hoy no tengo ganas de escribir sobre lo que pienso.
miércoles, julio 23, 2008
Veneziana
Sentados en un muelle pequeño entraban apretados. Las rodillas les servían de apoyacodos y los codos, para sostener sus cuerpo sobre el piso hecho de madera. Entraban mejor uno delante del otro. Entonces, cuando uno hablaba, el otro sólo escuchaba.
No veían sus manos, sus bocas, sus miradas, transparentes o contaminadas. No podrían dejarse llevar por las impresiones -erradas o certeras- que generan los gestos.
El agua recorría los canales y se mecía debajo de sus pies, amenazando una y otra vez a las maderas crujientes. Un bote cruzaba frente a ellos. Pequeñas olas verde oscuro los mojaban.
No veían sus manos, sus bocas, sus miradas, transparentes o contaminadas. No podrían dejarse llevar por las impresiones -erradas o certeras- que generan los gestos.
El agua recorría los canales y se mecía debajo de sus pies, amenazando una y otra vez a las maderas crujientes. Un bote cruzaba frente a ellos. Pequeñas olas verde oscuro los mojaban.
miércoles, julio 16, 2008
viernes, julio 04, 2008
Puente
Cruzan el puente porque del otro lado de la orilla se consolida el tiempo. Entonces alguien se queda un rato apoyado sobre la baranda, mirando hacia abajo, viendo correr el agua verde y fría. Espera que esa isla que apunta hacia él, se desvanezca o lo rescate. La madera del piso del puente tiembla, vibra, porque otros también caminan. Una mujer desanda sobre el caudal de agua, va decidida. Su andar femenino le otorga ternura al acto. Una pareja de ancianos descansa sobre un banco angosto, mira también el agua por entre los listones de madera que los sostienen.
No hay mucho más por hacer. Es esperar o andar.
La historia transcurre colgada, así.
Ya no se puede volver. Eso es todo lo que nadie desconoce.
No hay mucho más por hacer. Es esperar o andar.
La historia transcurre colgada, así.
Ya no se puede volver. Eso es todo lo que nadie desconoce.
lunes, junio 23, 2008
sábado, junio 21, 2008
viernes, junio 13, 2008
Ser y desaparecer
Uno se mira al otro desde la cima intrascendente. Pettinato y la chica modelo de su progama, Ursula Vargues, hablan con gestos de seriedad sobre el desabastecimiento. Ella, tan bella, dice que sí, que no en Buenos Aires, pero en otros lugares faltan muchos alimentos. El, vestido de traje rojo y con una peluca amarilla de goma en la cabeza, se pone aún más serio. "Como siempre", es todo su discurso, antes de poner cara de comic japonés y, con el dedo pulgar arriba, despedirse de su público.
Todo sucede como si no hubiera diferencias entre la leche derramada y la de las tetas de alguna de Tinelli. Todo tiene el énfasis de la nada.
La tele somos nosotros. Y nosotros estamos desapareciendo.
Todo sucede como si no hubiera diferencias entre la leche derramada y la de las tetas de alguna de Tinelli. Todo tiene el énfasis de la nada.
La tele somos nosotros. Y nosotros estamos desapareciendo.
viernes, junio 06, 2008
lunes, mayo 26, 2008
Djavan

El martes pasado tocó una de las glorias vivas de la música popular brasileña: Djavan. Su concierto en el Gran Rex fue inolvidable, maravilloso. Para los que no lo habíamos visto nunca, fue la realización de un momento muchas veces imaginado. Djavan puso sobre el escenario toda la magia que vuelca en sus discos: ritmos únicos, energía típicamente brasileña y otros condimentos que convirtieron al show en un recuerdo que solo buscará repetirse cada año que nos enteremos de que, esta vez, otra vez, Djavan no tocará acá.
Los medios tomaron el recital como lo que fue: un evento inesquivable. Sin embargo, como suele ocurrir, las críticas tambalearon en el intento de transmitir semejante magia. El texto publicado en Clarín motivó que el amigo Juan Carlos Diez --músico, autor de "Martropía, conversaciones con Spinetta"-- me mandara un mail y ese se convirtiera en varios, que me fue imposible no publicarlos (con su autorización) para darle una mirada menos erudita a la verdad.
De: Diez, Juan Carlos
Enviado el: Jue 22/05/2008 15:36Para: S.F.
Asunto: mera luz
Leiste la crítica de Clarín? qué grises que son, la bajada es para matarlo.
Después toca Kapanga y te dicen que estuvo genial.
Leiste la crítica de Clarín? qué grises que son, la bajada es para matarlo.
Después toca Kapanga y te dicen que estuvo genial.
De: Diez, Juan Carlos
Enviado el: Jue 22/05/2008 16:16Para: S.F.
Asunto: RE: mera luz
Enviado el: Jue 22/05/2008 16:16Para: S.F.
Asunto: RE: mera luz
¿Viste? Yo pense igual; elogian el tema más choto.
Sabrá de música "culta", de las partituras de Tristán e Isolda de Wagner, pero de Djavan no sabe nada. Y SE NOTA. FUE A TOCAR DE OIDO.
¿¿¿La "banda discreta"??? ¿Vos viste lo que sonó en, por ejemplo, "Sina"? Matate!
"Djavan no es un cantante muy dotado". Hay que tener huevos para escribir esto; o tener un tapón de sidra en los oídos.
Después esa cosa de buscarle el pelo a la sopa --seguro que con los amigotes de su palo no lo hace-- "cuando su voz entra en el registro grave pierde tonicidad y precisión". OBVIO que un cantante de un registro que tiende a los agudos como Djavan y que es uno de sus fuertes, cuando baja no rinde tanto. Ojo, no rinde tanto, lo que no significa que lo haga mal, ¿estamos? Pero escrito como lo pone él es despectivo y mala leche. Le pasa al 90 por ciento de los cantantes que tienen un registro --me animo a decirte de oreja nomás --de tenor ligero: desde superdotados como Paul Mc Cartney hasta grossos como Prince, Spinetta, Sting, o reyes del agudo y el falsete como Milton Nascimento.
Es hacerse el difícil, el "erudito". Poné lo que quieras "Fede", pero se nota que de Djavan no cazás una.
La última: "Las melodías de Djavan no parecen provenir completamente del folklore brasileño": pero DESCUBRISTE LA POLVORA!!!!?????
De eso se da cuenta hasta la Tota Santillán.
En fin, pero la nota de tapa es a Drexler que no puede cantar ni abajo la ducha.
Son GRISES!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
"El mar es de Schanton",
Joao Carlinhos Viana
Sabrá de música "culta", de las partituras de Tristán e Isolda de Wagner, pero de Djavan no sabe nada. Y SE NOTA. FUE A TOCAR DE OIDO.
¿¿¿La "banda discreta"??? ¿Vos viste lo que sonó en, por ejemplo, "Sina"? Matate!
"Djavan no es un cantante muy dotado". Hay que tener huevos para escribir esto; o tener un tapón de sidra en los oídos.
Después esa cosa de buscarle el pelo a la sopa --seguro que con los amigotes de su palo no lo hace-- "cuando su voz entra en el registro grave pierde tonicidad y precisión". OBVIO que un cantante de un registro que tiende a los agudos como Djavan y que es uno de sus fuertes, cuando baja no rinde tanto. Ojo, no rinde tanto, lo que no significa que lo haga mal, ¿estamos? Pero escrito como lo pone él es despectivo y mala leche. Le pasa al 90 por ciento de los cantantes que tienen un registro --me animo a decirte de oreja nomás --de tenor ligero: desde superdotados como Paul Mc Cartney hasta grossos como Prince, Spinetta, Sting, o reyes del agudo y el falsete como Milton Nascimento.
Es hacerse el difícil, el "erudito". Poné lo que quieras "Fede", pero se nota que de Djavan no cazás una.
La última: "Las melodías de Djavan no parecen provenir completamente del folklore brasileño": pero DESCUBRISTE LA POLVORA!!!!?????
De eso se da cuenta hasta la Tota Santillán.
En fin, pero la nota de tapa es a Drexler que no puede cantar ni abajo la ducha.
Son GRISES!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
"El mar es de Schanton",
Joao Carlinhos Viana
domingo, mayo 25, 2008
jueves, mayo 22, 2008
Libertad, fraternidad, igualdad
1. Hace más o menos un año, en París, ocho policías se quedaron solitos arriba de un colectivo... conmigo. Yo estaba sentado en el tercer o cuarto asiento, volviendo de deambular por Champs Elyseès. Eran cerca de las 2am y lo único que me acercaba al departamento donde vivía era un bus nocturno que terminaba en el bello Montparnasse. Lo policías pidieron boleto como acá lo hace el chancho. Eran siete tipos grandotes, de corte de pelo militar, vestidos con un mameluco azul, borceguíes intimidatorios y caras de malos a pesar de sus ojitos celestes. El jefe de la banda era moreno. E iba vestido de civil. Recuerdo su chaqueta marrón, parecida a esa que usaba De la Rúa en plena campaña presidencial.
El poli moreno no tuvo muchas dudas al momento de intimidarme: empezamos hablando en inglés, la cosa siguió con traductora: una chica hija de ecuatorianos les decía que yo no tenía boleto porque pensaba que se usaba el mismo que para el métro. Es decir, sí tenía boleto, pero uno usado. A ellos no les importó mi excusa y les empezó a molestar que los jóvenes del bondi parisino se empezaran a quejar del maltrato. Entonces los bajaron a todos. Una chica bastante bonita alcanzó a pedirme perdón: perdón, pensé, en nombre de las libertades individuales por las que tanto se había luchado históricamente en Francia --Liberté, Fraternité, Igualité--.
Una vez solos (y el chofer, al que yo sentía como una especie de entregador inmutable a mis súplicas) el policía moreno me dijo algo así como estás en Francia y acá se habla francés así que vamos a hablar en francés. Ahí se terminó todo. Hace un año no sabía nada de francés y aún sabiendo no hubiera podido sostener una discusión sin sentido con un policía. Me bajaron del colectivo una vez que decidieron que no iría preso y después de darles 35 euros, a cambio de un recibo legal y todo.
Volví caminando de Montparnasse a la casa donde vivía, en la rue de Commerce y pensaba en lo que me había dicho la dueña de casa, Armelle, ante la reciente victoria de Sarkozy, con su pasado de traductora de Mitterrand en la solapa de su ideología, y años de infancia en Lima, Perú: "Ahora estos hijos de puta no van a dejar tranquilo a nadie. Francia es una mierda".
Yo, en cambio, pensaba en el policía negro, en sus abuelos dueños de una tierra africana o latinoamericana, explotados, esclavizados y oprimidos por el colonialismo de hasta no hace tanto. El moreno que ahora sólo hablaba francés, el idioma de "su" país, que lo hizo policía para perseguir probablemente a otros hijos y nietos de esclavos o inmigrantes, que es más o menos lo mismo.
2. Y hoy los diarios cuentan algo que se sabía que pasaría: Silvio Berlusconi, flamante primer ministro conservador italiano (y dueño del Milan), consagró como delito penal la "inmigración clandestina". La xenofobia no tiene límites en Italia: las penas para los inmigrantes clandestinos serán más duras, se les pondrán pulseras electrónicas y habrá cárcel y multas para los italianos que les den casa o trabajo. Y yo pensaba que claro, la familia de Berlusconi no habrá sentido la necesidad de escapar de la península como tantos millones, como tus abuelos o los míos, la mano de obra ociosa de un país en ruinas que dejó todo y cruzó a este lado. O sí.
Las puertas de Italia se cerraron hoy. Con todo su pasado --y su futuro-- adentro, presa de la ignorancia.
*foto tomada por el autor del blog
martes, mayo 20, 2008
Certezas del tiempo
Se encontraron.
Pero no hubo casualidades. Nunca las había habido en ninguna de las circunstancias que incluyeron a ambos, juntos.
Cortázar, Horacio, La Maga. El Pont des Arts y la rue Dauphine.
Se abrazaron. Se besaron. Durmieron juntos. Comieron manzana cortada finita. Ella no pensó. El, probablemente, tampoco. Ríeron. No lloraron.
Los ojos de Felisberto Hernández, los dientes rechinados de Oliverio.
Dejaron que el tiempo pasara, que el pasado desintegrara el dolor que los unió, sin abismos ni paisajes inmaduros. Deconstruyeron y tal vez hayan creado.
Nadie sabe si el curso de sus vidas quedará destinado a los antojos del tiempo, a su sensibilidad.´
Lo que no falta, nunca, es la incertidumbre.
Pero no hubo casualidades. Nunca las había habido en ninguna de las circunstancias que incluyeron a ambos, juntos.
Cortázar, Horacio, La Maga. El Pont des Arts y la rue Dauphine.
Se abrazaron. Se besaron. Durmieron juntos. Comieron manzana cortada finita. Ella no pensó. El, probablemente, tampoco. Ríeron. No lloraron.
Los ojos de Felisberto Hernández, los dientes rechinados de Oliverio.
Dejaron que el tiempo pasara, que el pasado desintegrara el dolor que los unió, sin abismos ni paisajes inmaduros. Deconstruyeron y tal vez hayan creado.
Nadie sabe si el curso de sus vidas quedará destinado a los antojos del tiempo, a su sensibilidad.´
Lo que no falta, nunca, es la incertidumbre.
jueves, mayo 15, 2008
Escupir, la novela de Firpo
Hernán Firpo es un agudo periodista, escribe del carajo y además es mi amigo. Su primera novela, Escupir, está siendo publicada por el blog http://www.lalectoraprovisoria.com.ar/. La novedad va en 11 "folletines", uno por día.
Perdérsela, sería una irresponsabilidad cultural.
Perdérsela, sería una irresponsabilidad cultural.
miércoles, mayo 14, 2008
Débil fe
"La palabra Dios es nada más que la expresión y producto de debilidades humanas".
Albert Einstein
sábado, mayo 10, 2008
viernes, mayo 09, 2008
London
Camino entre el absoluto desamparo de la distancia, las veo pasar y siento la paradoja de la felicidad.
Afuera, lo obvio: el frío, la lluvia. Otros signos.
Recorro el éxtasis estampado en el paso cebra de aquella melodía. Luego el llanto pobre: cuatro fotos en blanco y negro me miran sonrientes.
El descubrimiento, la culpa causan cierta compasión en la mirada ajena, cierta afinidad con el vacío. Yo me odio. Y me caigo a pedazos.
Siento la desesperada necesidad de algo familiar.
Un puente, tal vez.
Pero al final siempre son sólo dos cosas:
el recuerdo frío de la belleza, y lo otro.
Afuera, lo obvio: el frío, la lluvia. Otros signos.
Recorro el éxtasis estampado en el paso cebra de aquella melodía. Luego el llanto pobre: cuatro fotos en blanco y negro me miran sonrientes.
El descubrimiento, la culpa causan cierta compasión en la mirada ajena, cierta afinidad con el vacío. Yo me odio. Y me caigo a pedazos.
Siento la desesperada necesidad de algo familiar.
Un puente, tal vez.
Pero al final siempre son sólo dos cosas:
el recuerdo frío de la belleza, y lo otro.
miércoles, abril 23, 2008
viernes, abril 18, 2008
Aires por venir
Buenos Aires apocalíptica. Hace tres días que siento que camino en un ensayo sobre el futuro.
¿Es este el seco porvenir?
La realidad es ceniza flotando, impregnándose en los poros, tapándonos los ojos como un velo reseco.
¿Es este el seco porvenir?
La realidad es ceniza flotando, impregnándose en los poros, tapándonos los ojos como un velo reseco.
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