miércoles, julio 23, 2008

Veneziana

Sentados en un muelle pequeño entraban apretados. Las rodillas les servían de apoyacodos y los codos, para sostener sus cuerpo sobre el piso hecho de madera. Entraban mejor uno delante del otro. Entonces, cuando uno hablaba, el otro sólo escuchaba.
No veían sus manos, sus bocas, sus miradas, transparentes o contaminadas. No podrían dejarse llevar por las impresiones -erradas o certeras- que generan los gestos.
El agua recorría los canales y se mecía debajo de sus pies, amenazando una y otra vez a las maderas crujientes. Un bote cruzaba frente a ellos. Pequeñas olas verde oscuro los mojaban.



2 comentarios:

Fernando Milsztajn dijo...

De alguna manera llegué a tu par de blogs. Muy buenas fotos, en serio. Voy a chusmearte los textos de tanto en tanto.
Lo bueno de saber que los sueños no se van a realizar, es que uno siempe puede soñar nuevos sueños.
Saludote
Fer

agua de azucena dijo...

precioso texto.