viernes, noviembre 02, 2007

El Supremo

Una noche iba a lo de mi amigo Juano y, una esquina antes llegar a su casa alguien me hace señas. Otro que no conociera la cuadra, que no conociera su cara, la cara del que me hacía gestos, jamás hubiera parado, más bien todo lo contrario.
Pero es uno de sus actos reflejo nocturnos. Aparece un auto y él levanta la mano.

Mientras espera que eso ocurra --porque a esa hora de la madrugada, en esa esquina de Avellaneda sólo pasan autos y, en todo caso,si alguien aparece caminando es presa fácil--, El Supremo se muerde las uñas llenas de mugre de sus dedos. Tiene los dientes verdes y muchos granos en la cara; son los mismos desde que lo conozco.

El Supremo tenía 10, 12 años y ya andaba asustando en esa misma cuadra de ahora a los pibitos que salían de las escuelas. Les pedía plata, el alfajor que llevaban, los escupía. Lo que cualquier pibe de la calle, tal vez, hubiese hecho. Les tenían miedo y las madres recomendaban a sus hijos que ni le hablen, pero los nenes lloraban. Algunas llamaron a la policìa más de una vez. Nadie podía lograr que él desapareciera de allí.

Ahora El Supremo debe de tener ventipico pero ya no asusta a nadie. Porque no quiere, creo.

Aquella noche en que iba a lo de Juano, me hizo señas de que parase y paré. Bajé la ventanilla y nos saludamos con la mano. Al estrechar la suya volví a sentir esa sensación de extrañeza que vivo cada vez que nuestras manos se juntan: su piel gruesa raspa, duele.
Nunca me llamó por mi nombre y no estoy seguro de que lo sepa. Me preguntó si iba a buscar a Juano (tampoco sé si sabe su nombre, pero conoce perfectamente quién es amigo de quién y en todo caso los ubica con facilidad: Juano, para él es el narigón o el flaco de la esquina y representa a los más grandes que él, con los que no jode ni jodió). Después me pidió unas monedas. Yo no tenía. Pero sí llevaba una bolsa con remeras que le iba a dar a mi amigo, así que le dí una a él.

No hizo mucho alarde de las gracias y eso me tranquilizó. Después de todo, dudo de que El Supremo alguna vez se haya alegrado sin haber fumado porro o aspirado poxirán. No lo imagino riendo de felicidad, pero sí lo recuerdo con una sonrisa cínica, solitaria, de ojos rojos y labios lastimados. Estoy seguro de que nunca lloró.

El Supremo llega a esa esquina, la de Piaggio y San Martìn, antes del mediodía y se va a eso de las tres de la mañana. Siempre hace lo mismo desde que era un nene. Va zafando porque los de los negocios le piden changas: que lleve un sobre, que cuide el auto o nada, unas monedas porque sí, porque siempre está en el mismo lugar. Antes no zafaba con nada porque era pibe y era bardero, pero estaba lejos de su casa, que era (y aún es) lo importante. El Supremo vive en Villa Tranquila.

Hace un rato llevaba a Juano a su casa. Veníamos de comer un asado en Sarandí. Eran casi las 3 am. Lo dejé a mi amigoa. Agarré contramano Piaggio, doblé la esquina y no lo ví.

Enseguida apareció en la otra. Llevaba una remera blanca. Lo encontré mirando para arriba, no sé si a la noche nublada o a un balcón. Tal vez esperaba que algo le cayera del cielo.

Al escuchar el ruido del auto, a unos metros, El Supremo bajó la cabeza y me miró. Levantó el brazo, me saludó con un gesto mínimo que salió fundamentalmente de sus ojos pero no intentó detenerme. Sólo volvió, enseguida, a tirar su frente para atrás.
Algo estaba pasando allá arriba. Supongo que no era más que tiempo.

6 comentarios:

Lacónica dijo...

hola Fero

cómo estás?

no nos conocemos
pero encontré en tu blog una cita del poema Ruinas de Juan Gelman, del libro Valer la pena


quisiera que me lo pases, si no te molesta,
es que no lo puedo encontrar
y tengo una historia con esos versos

beso desde aquí

Eugenia S. dijo...

Muy buena ilustración. Infinitos supremos existen. ¿Triste verdad?, ¿cruel realidad? ¿ o qué? . Nada de absurdo en esta disquisición.

Besos.

agua de azucena dijo...

muy lindo este supremo. lo estoy viendo. se me arrugò el corazón.

perro triciclo dijo...

complicado El Supre, pero veo que siempre lo fuiste llevando bien.
A proposito de llevar bien, fijate ahi arriba hay una tal Lacónica que te pide unas poesías o algo asi, y...fijate que onda.

Fero S. dijo...

Haciéndole caso a la mascota entriciclada, te pido perdón, Laconica por el cuelgue. En cuanto esté en mi casa te lo mando. A qué mail?
gracias por la visita

Anónimo dijo...

me gustó esto de la clase de susto familiar y barrial.
h.