martes, mayo 20, 2008

Certezas del tiempo

Se encontraron.
Pero no hubo casualidades. Nunca las había habido en ninguna de las circunstancias que incluyeron a ambos, juntos.
Cortázar, Horacio, La Maga. El Pont des Arts y la rue Dauphine.
Se abrazaron. Se besaron. Durmieron juntos. Comieron manzana cortada finita. Ella no pensó. El, probablemente, tampoco. Ríeron. No lloraron.
Los ojos de Felisberto Hernández, los dientes rechinados de Oliverio.
Dejaron que el tiempo pasara, que el pasado desintegrara el dolor que los unió, sin abismos ni paisajes inmaduros. Deconstruyeron y tal vez hayan creado.
Nadie sabe si el curso de sus vidas quedará destinado a los antojos del tiempo, a su sensibilidad.´

Lo que no falta, nunca, es la incertidumbre.

1 comentario:

Pelado dijo...

Lo que no falta, nunca, tampoco, es la causa.